Se encienden las velas que duermen sobre la meza
Se aproxima la niña que descalza, se une a la cena.
Me mira, mientras la miro silencioso y deseoso.
El destello fugitivo de las velas; eternizan el color de sus profundos ojos.
Se rompe el silencio; ella, mueve sutilmente la tela que cubre su hambriento cuerpo.
Con desdén se deja entre ver el color de su piel.
Mientras yo, preparo el ágape que agasaje su bello rostro.
Rompe el silencio; con un suspiro sutil me dice…
----Estas haciendo que crucen pensamientos malos por mi cabeza. (Murmura la muchacha)
La miro, mientras sonrió dulcemente. Ella; muerde la pulpa del labio mientras baja insinuante la mirada.
Dibujo en mi cabeza el detalle de la tela descolgándose entre sus atributos naturales.
-------Sí, Me dice revoltosa; mi piel está sedienta, tengo ganas de ti.
Me acerco por su espalda, coloco mis manos en sus hombros, me acerco con delicadeza hasta su oído, y susurro tímidamente. Eres opera para los Dioses, manjar de la naturaleza, eres a mis ojos tan tierna como bella, mientras deslizo mis labios a la pulpa de su oreja para morderla levemente antes de la cena. Mis manos yacen revolucionarias a mis deseos, mi cuerpo se desvanece ante el espejismo de su dulzura; pero sostengo intacto el temple de mi cordura.
Esta, deserta a ratos hacia la lujuria.
Quisiera ver, tocar, oler, lamer y besar la aureola de tus montes que sostienen el pálpito de tus hormonas, quisiera sentirlas, morderlas suavemente, para ver si así explotan en mis labios.
Me miras nuevamente, te miro, jugueteamos con las miradas clandestinas, entre lo absurdo de la luz de las velas y lo cuerdo de las oscuridades de su llama.
Mis manos se revelan a mi voluntad. Ellas son rebeldes a la cordura, sentirás mis manos rebeladas a mis órdenes, estas bajan descontroladas, arrancándote la poca tela que cubre tus partes bajas.
Me besas, mientras te bebo, me tocas, mientras aprendo cada pincelada de tu cuerpo.
Nos miramos, sonreímos y seguimos.
La cena se calienta, las velas ya están muertas, nuestras almas se confunden, en un tímido y final concierto.
Después de todo esto, sirvo la cena; compartimos, nos miramos y reímos acompañados de una copa de rojo vino, y frente al fogón encendido por las llamas de nuestros tibios besos.
S.M.R