A veces tengo frio, a veces tengo miedo.
Muchas veces siento la soledad de tus besos dormidos.
A veces creo sentir tu voz, envuelta entre el viento
Que murmura susurrante entre los flautines del viejo serpentín
Tus pasos por las viejas tablas de nuestra habitación.
Hecho mi acongojado cuerpo sobre la cama que solía ser nuestra
Y ciento el suspiro leve de tu agonía dándome tú último aliento.
A veces, quiero sentir que esto no es más que solo un sueño.
s.m.r
martes, 8 de marzo de 2011
Palabras lejanas.
Antes que alcanzara a decirte cuanto te amaba
Antes siquiera que alcanzara a deslizar mis ojos por tu cara.
Mucho antes, arrebataste la calma de mi alma.
Comencé a extrañarte sin darme cuenta; que antes de extrañarte, ya no estabas.
s.m.r
Antes siquiera que alcanzara a deslizar mis ojos por tu cara.
Mucho antes, arrebataste la calma de mi alma.
Comencé a extrañarte sin darme cuenta; que antes de extrañarte, ya no estabas.
s.m.r
En una Puesta de sol.
Amanece, sutil y despreocupadamente, salen los primeros rayos de sol
Que carcomen cada grieta otoñal de mi ventana.
Cantan silvestres las aves que florecen entre las ramas de los arboles
Que pululan, aferrados al contorno de mi mirada.
Balbucea el cristalino indomable, mientras desciende salvaje por la cascada.
Vuelan mariposas tricolores deslizándose entre los suaves toboganes de briza de la montaña.
Amanece, en medio de la selva otoñal de mi memoria, mientras cantan felices las campanas del poblado que se aferra los pies del macizo monte; que rasguña el cielo con su mirada.
Duermes, aun duermes; entre los avellanos otoñales de tu sepultura.
Aguardo, aun aguardo a que despiertes entre el canto festivo de estas aves y la briza agradable de mis ojos que aun te sueñan.
s.m.r
Que carcomen cada grieta otoñal de mi ventana.
Cantan silvestres las aves que florecen entre las ramas de los arboles
Que pululan, aferrados al contorno de mi mirada.
Balbucea el cristalino indomable, mientras desciende salvaje por la cascada.
Vuelan mariposas tricolores deslizándose entre los suaves toboganes de briza de la montaña.
Amanece, en medio de la selva otoñal de mi memoria, mientras cantan felices las campanas del poblado que se aferra los pies del macizo monte; que rasguña el cielo con su mirada.
Duermes, aun duermes; entre los avellanos otoñales de tu sepultura.
Aguardo, aun aguardo a que despiertes entre el canto festivo de estas aves y la briza agradable de mis ojos que aun te sueñan.
s.m.r
El fin.
¿Porque hoy no llueve?
¿Dónde están las nueves?
¿Por qué los ríos ya no visten de cristales líquidos y frescos?
¿Por qué la tierra lame el polvo de los mares?
Y ¿donde están los mares?
¿Por qué las olas hoy son solo ecos de recuerdos militares?
¿Por qué las aves ya no vuelan?
¿Dónde están las aves?
¿Dónde están las gentes?
¿Dónde que la vida ya no se siente?
En dónde está mi nombre, ¿Dónde mi muerte yace?
¿En donde el sosiego, para mi penitente hambre?.
s.m.r
¿Dónde están las nueves?
¿Por qué los ríos ya no visten de cristales líquidos y frescos?
¿Por qué la tierra lame el polvo de los mares?
Y ¿donde están los mares?
¿Por qué las olas hoy son solo ecos de recuerdos militares?
¿Por qué las aves ya no vuelan?
¿Dónde están las aves?
¿Dónde están las gentes?
¿Dónde que la vida ya no se siente?
En dónde está mi nombre, ¿Dónde mi muerte yace?
¿En donde el sosiego, para mi penitente hambre?.
s.m.r
Frutos del país.
En mi patio canto el limosneo, los duraznos y las uvas
Cantaron también el ciruelo, el naranjo y los membrillos otoñales
El palto ya sin voz meció sus hojas, mientras miraba florecer al naranjo
Que para entonces entonaba un nuevo canto.
Canto acompañado de las aves pasajeras
Que paseaban revoltosa entre sus hojas.
s.m.r
Cantaron también el ciruelo, el naranjo y los membrillos otoñales
El palto ya sin voz meció sus hojas, mientras miraba florecer al naranjo
Que para entonces entonaba un nuevo canto.
Canto acompañado de las aves pasajeras
Que paseaban revoltosa entre sus hojas.
s.m.r
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