Amanece, sutil y despreocupadamente, salen los primeros rayos de sol
Que carcomen cada grieta otoñal de mi ventana.
Cantan silvestres las aves que florecen entre las ramas de los arboles
Que pululan, aferrados al contorno de mi mirada.
Balbucea el cristalino indomable, mientras desciende salvaje por la cascada.
Vuelan mariposas tricolores deslizándose entre los suaves toboganes de briza de la montaña.
Amanece, en medio de la selva otoñal de mi memoria, mientras cantan felices las campanas del poblado que se aferra los pies del macizo monte; que rasguña el cielo con su mirada.
Duermes, aun duermes; entre los avellanos otoñales de tu sepultura.
Aguardo, aun aguardo a que despiertes entre el canto festivo de estas aves y la briza agradable de mis ojos que aun te sueñan.
s.m.r
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