Caminos pedregosos y polvorientos.
Escalinatas al pasado, puerta de escape
Hacia mil sueños rotos y un millar de esperanzas
Caminos tímidos ante el paso recurrente del asfalto y del tiempo
Caminos de acequias dormidas y de Acacios legendarios
De pies de niño descalzo, de hojarascas doradas de otoño
Caminos al pasado, sepultados por la ignorancia del cemento y la esperanza
De mejores tiempos.
Caminos…
Chile…
El alimento de mi pueblo es la ignorancia
Y el estado la provee, alimentando sus sueños
Con falsas esperanzas, la sed de mi gente es saciada
Con extensas cátedras, de un estado digno, democrático y liberal
La fuerza de mi pueblo es sub-yugada a unas cuantas promesas de bien estar para nuestros hijos que jamás ha de llegar
Salomon Montes Rebolledo
jueves, 29 de abril de 2010
Caramelos
Caramelos aterciopelados de ondas subversivas y miradas cómplices
Ojos candelabros de llamas revolucionarias y encendidas
Que hipnotiza mis sentidos cual pes, idiotizado por la luz de la luna
Canto erotizado, aullido legendario y clandestino
Que rasguña el vientre estrellado del cielo hecho espuma
Silbo dorado, huracanado sexo entre el manoseo desenfrenado de los vientos, estos añosos arboles
Y estos prados de piel sembrados.
Cuerpos de mares desnudos
En continuo movimiento nocturnos
Ríos eternos que intiman a diario con estas olas salvajes y paradisiacas
Ojos aterciopelados, dormilones enamorados, de los encuentros entre tu pecho
Y mi cuerpo
Salomón Montes Rebolledo
Ojos candelabros de llamas revolucionarias y encendidas
Que hipnotiza mis sentidos cual pes, idiotizado por la luz de la luna
Canto erotizado, aullido legendario y clandestino
Que rasguña el vientre estrellado del cielo hecho espuma
Silbo dorado, huracanado sexo entre el manoseo desenfrenado de los vientos, estos añosos arboles
Y estos prados de piel sembrados.
Cuerpos de mares desnudos
En continuo movimiento nocturnos
Ríos eternos que intiman a diario con estas olas salvajes y paradisiacas
Ojos aterciopelados, dormilones enamorados, de los encuentros entre tu pecho
Y mi cuerpo
Salomón Montes Rebolledo
Fantasmales…
Te hablo desde el fondo de mi corazón.
A cantaros mi voz recae a sollozos y a mares a tu tierna voz
Siento tus lejanías, tierras salvajes e indómitas.
Que me alejan, y discriminan por ser un ser errante
En este, tu mundo salvaje y amazónico donde según tú, no encajo yo.
Bebo del cáliz, bebo de la traición cotidiana de tus amores de ninfa traicionera.
Mientras recae mi voz a cantaros, de animal herido a bestia errante
Vago por la sabana, desconsolado aulló por las montañas, busco bajo la luna, bajo las estrellas.
Bajo los relámpagos impertinentes yo. Impávido por la falta de tu voz.
Veo entonces muchos seres aquí, en este destierro muchos Espíritus. Entes enamorados de la vida.
Fantasmas, apariciones difusas de almas que se niegan a la partida.
Energías sepulcrales, buscando con ansias de infante hacerse corporales.
Anochece, y para ellos siempre es tarde. Amanece y para ellos sigue siendo tarde
Comprendo entonces, entiendo que mi tiempo ha llegado
Pues estoy en medio de las ondas fantasmales de tu abandono
Y delante de la tumba en donde grabada esta mi nombre.
Salomón Montes Rebolledo
A cantaros mi voz recae a sollozos y a mares a tu tierna voz
Siento tus lejanías, tierras salvajes e indómitas.
Que me alejan, y discriminan por ser un ser errante
En este, tu mundo salvaje y amazónico donde según tú, no encajo yo.
Bebo del cáliz, bebo de la traición cotidiana de tus amores de ninfa traicionera.
Mientras recae mi voz a cantaros, de animal herido a bestia errante
Vago por la sabana, desconsolado aulló por las montañas, busco bajo la luna, bajo las estrellas.
Bajo los relámpagos impertinentes yo. Impávido por la falta de tu voz.
Veo entonces muchos seres aquí, en este destierro muchos Espíritus. Entes enamorados de la vida.
Fantasmas, apariciones difusas de almas que se niegan a la partida.
Energías sepulcrales, buscando con ansias de infante hacerse corporales.
Anochece, y para ellos siempre es tarde. Amanece y para ellos sigue siendo tarde
Comprendo entonces, entiendo que mi tiempo ha llegado
Pues estoy en medio de las ondas fantasmales de tu abandono
Y delante de la tumba en donde grabada esta mi nombre.
Salomón Montes Rebolledo
Oda a la madre de mi amigo
Ha muerto. Ha muerto una estrella.
Ha sido condenada a ser fugaz
Alma bella, sutil mirada de madre dulce y veras.
Mi amigo la llora, derrama su alma cual manantial
Porque la estrella fugaz ha pasado por su hogar, y a seguido su tierno peregrinar
Ya no está, no se encuentra entre nosotros, la más bella de las mujeres
La de manos tiernas y abrazos eternos, cuando caíamos y ella solía levantar.
Hoy ocupa un sitial privilegiado en una nube blanca
Donde suele tejer las horas, contando los puntos por segundos, y esperando volvernos a abrazar
Volvernos a tener entre sus brazos tiernos y sentir de nuestros labios.
El primer mama. Hoy solo el silencio, las lágrimas fluyen por doquier
Pero en nuestra alma va impregnada la sabia de aquella mujer que nos dio la vida y nos regalo su ser. La más bella de las mamas.
s.m.r
Ha sido condenada a ser fugaz
Alma bella, sutil mirada de madre dulce y veras.
Mi amigo la llora, derrama su alma cual manantial
Porque la estrella fugaz ha pasado por su hogar, y a seguido su tierno peregrinar
Ya no está, no se encuentra entre nosotros, la más bella de las mujeres
La de manos tiernas y abrazos eternos, cuando caíamos y ella solía levantar.
Hoy ocupa un sitial privilegiado en una nube blanca
Donde suele tejer las horas, contando los puntos por segundos, y esperando volvernos a abrazar
Volvernos a tener entre sus brazos tiernos y sentir de nuestros labios.
El primer mama. Hoy solo el silencio, las lágrimas fluyen por doquier
Pero en nuestra alma va impregnada la sabia de aquella mujer que nos dio la vida y nos regalo su ser. La más bella de las mamas.
s.m.r
---la vida---
Despegaste de mis sueños
Y te embarcaste a la tarea inmaculada de hacerte cierta
En tu lucha por la vida, salvaste ilesa de los cataclismos
Apocalípticos de la carrera por lo cierto.
Solo tú, tú llegaste vencedora aquí a la meta al núcleo transparente
Tras la colina, ahora yacen sin vida millares que hoy no tuvieron tu misma suerte
Y aquí donde despegas a la vida desde las sombras de tu madre.
Hoy después dl llanto primero
Vuelas con tus propias alas y vienes a regalarme tu alegría, y hacer que sienta que son reales aquellos mis eternos sueños.
Salomón Montes Rebolledo
Y te embarcaste a la tarea inmaculada de hacerte cierta
En tu lucha por la vida, salvaste ilesa de los cataclismos
Apocalípticos de la carrera por lo cierto.
Solo tú, tú llegaste vencedora aquí a la meta al núcleo transparente
Tras la colina, ahora yacen sin vida millares que hoy no tuvieron tu misma suerte
Y aquí donde despegas a la vida desde las sombras de tu madre.
Hoy después dl llanto primero
Vuelas con tus propias alas y vienes a regalarme tu alegría, y hacer que sienta que son reales aquellos mis eternos sueños.
Salomón Montes Rebolledo
Piel madera…
El color a maderada de su rostro
Lo hacían aparecer más apático que los demás
Siempre lo tildaron de extraño. Cuando niño carecía de amistad
Su piel a maderada solía amoratarse con pequeñas ráfagas de viento
Sus ojos negros carecían de las aureolas coloridas.
Siendo simplemente negros desde principio hasta el final
Cuando era viejo, y en su eterna soledad, sin familia, sin hijos ni amistades
Llego un niño errante, un pequeño barrabas, que vagabundo por la vida
En el encontró la paz.
Salomón Montes Rebolledo.
Lo hacían aparecer más apático que los demás
Siempre lo tildaron de extraño. Cuando niño carecía de amistad
Su piel a maderada solía amoratarse con pequeñas ráfagas de viento
Sus ojos negros carecían de las aureolas coloridas.
Siendo simplemente negros desde principio hasta el final
Cuando era viejo, y en su eterna soledad, sin familia, sin hijos ni amistades
Llego un niño errante, un pequeño barrabas, que vagabundo por la vida
En el encontró la paz.
Salomón Montes Rebolledo.
Café
La coqueta voz susurrante
Que se desprendía de la espuma del café
Subía hasta el tímpano rimbombante de mi oído
Por el embolo transparente de vapor que huía
Del medio de tus brazas.
Te besé, quedaste en mis labios escondida tras la espuma del café
Te abracé, quedaste en mi piel, como la suave briza del café
Te amé, hay por dios cuanto fue lo que te ame
Tú quedaste impregnada con mis labios
Y luego te vestiste con la espuma imaginaria de una suave taza de café.
Ahora te marchas, ahora dejas mi cama vacía
Mis labios sin la espuma de tus besos
Y mis manos, mis manos congeladas por el tibio desconsuelo.
Salomón Montes Rebolledo.
Que se desprendía de la espuma del café
Subía hasta el tímpano rimbombante de mi oído
Por el embolo transparente de vapor que huía
Del medio de tus brazas.
Te besé, quedaste en mis labios escondida tras la espuma del café
Te abracé, quedaste en mi piel, como la suave briza del café
Te amé, hay por dios cuanto fue lo que te ame
Tú quedaste impregnada con mis labios
Y luego te vestiste con la espuma imaginaria de una suave taza de café.
Ahora te marchas, ahora dejas mi cama vacía
Mis labios sin la espuma de tus besos
Y mis manos, mis manos congeladas por el tibio desconsuelo.
Salomón Montes Rebolledo.
Fotografía personal.
Yo no soy el mismo.
De aquella imagen que retrata mi existencia
Yo no soy el mismo.
Aquella barba, hasta mis ojos, estas canas también el rostro
Que aparecen en esta foto.
Yo no soy, quien soy
Ni quien aparece en este reflejo licuado y perecedero.
Es confuso a veces saber quien soy
Si muchas veces ni yo logro entenderlo
Ya que el espejo me muestra a alguien que yo
Desconozco por completo…
Salomón Montes Rebolledo.
De aquella imagen que retrata mi existencia
Yo no soy el mismo.
Aquella barba, hasta mis ojos, estas canas también el rostro
Que aparecen en esta foto.
Yo no soy, quien soy
Ni quien aparece en este reflejo licuado y perecedero.
Es confuso a veces saber quien soy
Si muchas veces ni yo logro entenderlo
Ya que el espejo me muestra a alguien que yo
Desconozco por completo…
Salomón Montes Rebolledo.
Misisipi…
Misisipi, tierra de mis amores
No me abandones, cuando lejos esté. No me dejes sin volver.
Que mis ojos vean tu silueta antes que al cielo por última vez
Misisipi, tu gran rio salvaje, que alimenta mis sueños que devora mi sed por volver
Jugué con mis pies descalzos sobre tu vientre de madre dormida
Acaricie tus pastos, me bañe en el torrente de tu nombre Misisipi no me dejes sin volver
Que estas lejanías me están dañando y terminando con mis ansias de vivir
Oh Misisipi caricias de hombres morenos, de piel de hombres libres y sobrevivientes
De la esclavitud de mentes turbadas y ansias de poder oh Misisipi vuelve a mi ser
Que vuelvan tus ondas naturales, música de piel morena y voces de miel oh Misisipi vuelve a creer…
Salomón Montes Rebolledo
No me abandones, cuando lejos esté. No me dejes sin volver.
Que mis ojos vean tu silueta antes que al cielo por última vez
Misisipi, tu gran rio salvaje, que alimenta mis sueños que devora mi sed por volver
Jugué con mis pies descalzos sobre tu vientre de madre dormida
Acaricie tus pastos, me bañe en el torrente de tu nombre Misisipi no me dejes sin volver
Que estas lejanías me están dañando y terminando con mis ansias de vivir
Oh Misisipi caricias de hombres morenos, de piel de hombres libres y sobrevivientes
De la esclavitud de mentes turbadas y ansias de poder oh Misisipi vuelve a mi ser
Que vuelvan tus ondas naturales, música de piel morena y voces de miel oh Misisipi vuelve a creer…
Salomón Montes Rebolledo
Baquero.
Bajé la montaña.
Cabalgo silencioso por las quebradas
Desciendo hacia el valle de la tortura
Ese donde mi peor tormento eres tú, tormento al saberte en brazos de otro
En la cama de otros.
Se hunde en el horizonte el sol, que muere y se desangra en anaranjada vergüenza
Por verme descender a la tierra de mis tormentas donde tú eres mi peor castigo
Al entregarte a cuanto forastero llega a tus brazos
Y condenarme a mí, al tormento de amarte desde esta mi alta montaña
De donde hoy bajo para verte aunque sea para aumentar mis tormentos
La luna aparece ante mis ojos, sigo mi camino con el mismo tranco
Mi caballo avanza, no se deja amedrentar por las oscuras ansias de esta noche desvergonzada
Que oculta los pasos y demora mi llegada al valle de mis tormentos donde yo vivo y siento
Ya que tu eres para mí el peor de mis lamentos
Desciendo, vuelvo, hoy vuelvo a tus brazos donde tú, yegua recibes a cualquiera
Que llegue con unos gramos de oro y una botella de almendra.
Regreso a las montañas luego de haberte amado sin fronteras.
Mujer fácil y lastimera, dueña de mil amores de paso
Y mil porrazos con hombres sin nombres.
Salomón Montes Rebolledo
Cabalgo silencioso por las quebradas
Desciendo hacia el valle de la tortura
Ese donde mi peor tormento eres tú, tormento al saberte en brazos de otro
En la cama de otros.
Se hunde en el horizonte el sol, que muere y se desangra en anaranjada vergüenza
Por verme descender a la tierra de mis tormentas donde tú eres mi peor castigo
Al entregarte a cuanto forastero llega a tus brazos
Y condenarme a mí, al tormento de amarte desde esta mi alta montaña
De donde hoy bajo para verte aunque sea para aumentar mis tormentos
La luna aparece ante mis ojos, sigo mi camino con el mismo tranco
Mi caballo avanza, no se deja amedrentar por las oscuras ansias de esta noche desvergonzada
Que oculta los pasos y demora mi llegada al valle de mis tormentos donde yo vivo y siento
Ya que tu eres para mí el peor de mis lamentos
Desciendo, vuelvo, hoy vuelvo a tus brazos donde tú, yegua recibes a cualquiera
Que llegue con unos gramos de oro y una botella de almendra.
Regreso a las montañas luego de haberte amado sin fronteras.
Mujer fácil y lastimera, dueña de mil amores de paso
Y mil porrazos con hombres sin nombres.
Salomón Montes Rebolledo
Ángeles…
Cantan enamorados dos ángeles
Que danzan sobre las nubes que sonríen
Bajo sus plantas.
Llueve, garuga sobre las hojas del verde prado
Corazones alados, de cristales de aguas celestes
Que caen de un par de ángeles enamorados.
Febrero catorce, ángeles enamorados descienden por las vertientes
De almas solitarias, y le obsequian miradas de otras almas
Que buscaban aquellas solitarias miradas.
Ángeles enamorados que danzan sobre la tierra
Y bajo este cielo azul. Cristalino y apasionado
Por la culpa de dos ángeles enamorados
Que danzaban a los compas de sus besos y sus corazones alados
Salomón Montes Rebolledo
Que danzan sobre las nubes que sonríen
Bajo sus plantas.
Llueve, garuga sobre las hojas del verde prado
Corazones alados, de cristales de aguas celestes
Que caen de un par de ángeles enamorados.
Febrero catorce, ángeles enamorados descienden por las vertientes
De almas solitarias, y le obsequian miradas de otras almas
Que buscaban aquellas solitarias miradas.
Ángeles enamorados que danzan sobre la tierra
Y bajo este cielo azul. Cristalino y apasionado
Por la culpa de dos ángeles enamorados
Que danzaban a los compas de sus besos y sus corazones alados
Salomón Montes Rebolledo
La tierra prometida.
Por más que me empeño en buscar
Entre la naturaleza escondida de mi vieja historia
No hayo, no logro encontrar la fuente que alguna vez
Calmara mis ansiedades, y mitigara mis temores y los transformara
En consenso pacifico entre lo que jamás fue y lo que llego a ser.
Sueño oír a la distancia, las melodías sonoras de aquellas viejas voces
Instrumentos de antiquísimos recuerdos.
Recuerdos de vientre terrestre, de madre de tierra selvática y arces de sangre caliente
Por más que busco hallar parte de lo que fui, no logro dar con la puerta
Aquella instancia que me devolviera a la tierra de la promesa.
Esa donde mana leche y miel, y la muerte no es más que una estúpida leyenda
Me sumerjo entonces a diario, en las notas cautivantes de aquellos viejos violines
Solitarios y salvajes.
Para seguir buscando en algún lugar de mi memoria. La llave para el portal
Hacia tantos sueños rotos, y así por fin regresar a la tierra de mis amores.
Salomón Montes Rebolledo.
Entre la naturaleza escondida de mi vieja historia
No hayo, no logro encontrar la fuente que alguna vez
Calmara mis ansiedades, y mitigara mis temores y los transformara
En consenso pacifico entre lo que jamás fue y lo que llego a ser.
Sueño oír a la distancia, las melodías sonoras de aquellas viejas voces
Instrumentos de antiquísimos recuerdos.
Recuerdos de vientre terrestre, de madre de tierra selvática y arces de sangre caliente
Por más que busco hallar parte de lo que fui, no logro dar con la puerta
Aquella instancia que me devolviera a la tierra de la promesa.
Esa donde mana leche y miel, y la muerte no es más que una estúpida leyenda
Me sumerjo entonces a diario, en las notas cautivantes de aquellos viejos violines
Solitarios y salvajes.
Para seguir buscando en algún lugar de mi memoria. La llave para el portal
Hacia tantos sueños rotos, y así por fin regresar a la tierra de mis amores.
Salomón Montes Rebolledo.
Entre olas y Rocas.
Rompen impetuosas las olas entre las rocas
Mientras tú, te alejas entre el estruendo apocalíptico del estallido de las olas al romper en estas golpeadas miradas de piedra.
Que amortajadas yacen empotradas a la horilla de esta lejana playa.
Te deslizas con la suavidad de tu pañoleta cayendo mecida por el suave viento
Tú, desvaneces en las lejanías del horizonte, desnuda como la espuma de las olas al morir entre las rocas.
Yo, momificado veo como te desvaneces entre el manto gris de la llovizna que pinta en canas mis alegrías, y tiñe el día de llantos angelicales que se alegran por tu partida.
Rompen bulliciosas entre las fauces de las duras rocas
Estas, las olas que terminan por doblegar mi voluntad y romper mis fortalezas
Pues tú, te desvaneces ante la mirada desconcertada de mi alma.
Y los gemidos moribundos de mi corazón que enmudecidos por los estruendos de estas salvajes olas, no alcanzan tu voz, y no son capaces de retener tu amor.
Salomón Montes Rebolledo
Mientras tú, te alejas entre el estruendo apocalíptico del estallido de las olas al romper en estas golpeadas miradas de piedra.
Que amortajadas yacen empotradas a la horilla de esta lejana playa.
Te deslizas con la suavidad de tu pañoleta cayendo mecida por el suave viento
Tú, desvaneces en las lejanías del horizonte, desnuda como la espuma de las olas al morir entre las rocas.
Yo, momificado veo como te desvaneces entre el manto gris de la llovizna que pinta en canas mis alegrías, y tiñe el día de llantos angelicales que se alegran por tu partida.
Rompen bulliciosas entre las fauces de las duras rocas
Estas, las olas que terminan por doblegar mi voluntad y romper mis fortalezas
Pues tú, te desvaneces ante la mirada desconcertada de mi alma.
Y los gemidos moribundos de mi corazón que enmudecidos por los estruendos de estas salvajes olas, no alcanzan tu voz, y no son capaces de retener tu amor.
Salomón Montes Rebolledo
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