viernes, 28 de mayo de 2010

Roce.






Suele ser a veces que siento tus silencios.
Aquellos que eran el más exquisito de los preámbulos
Cuando tus miradas me desnudaban primeramente el alma
Antes de que tus manos comenzaran a desnudarme con la sutileza
De quien manipula entre sus manos un valioso regalo.
A veces siento tus armonías de hilarantes gemidos ocultos tras un leve suspiro

Abre la mañana envuelta en el manto gris de la helada
Desaparecen los cantos de las aves del verano
Y suenan con fuerzas las notas interpretadas por las gotas de lluvia que caen y recaen
En el marco astillado de mi ventana.
Tambores subyugados a violines lastimeros componen para ti
Hoy la más bella de mis armonías, danza el silbo invisible
Del viento revolucionado por los recuerdos, sucumben ante los morteros asesinos de la memoria
Y es que suele ser, que a veces siento el recordarte con más fuerzas que vida
Y Con más ímpetu que agonía.
Como no recordar el desnude roce acaramelado de tu piel.
Oh el destello fulminante de tus ojos iluminados por el amor
Si, suelo recordar la dulce melodía hipnotizaste de tu voz
Mientras llueve, y cae el sol ante la dulzura imaginaria de la luna
Caigo yo ante ti, en mi presente recurrente de pasados llenos de ti.

Salomón Montes Rebolledo

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