lunes, 10 de mayo de 2010

Callejero…

Los perros ladran. Desafortunados buscan la mano auxiliadora de su amo
Mientras los grillos rompen la sentencia armónica del cruel abandono, en el cual ha quedado
Esta inverde luna cabizbaja y llovida.
Destilan de las paredes rocosas, hiedra como la mala yerba.
Aquella que no permite a tus ojos ver mis ojos, mucho menos sentir de mí
El constante gemido de madre tierra adolorida por la partida
De sus crueles hijos.
Ellos, se despedazan entre ellos, se golpean en el rostro y después esconden la mano
Lavan su nombre bajo las aguas maquilladas del cinismo desmedido, que han aprendido
De sus crueles amos.


Salomón Montes Rebolledo

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