domingo, 30 de mayo de 2010

Adicto a las toxinas de tus caricias.





Como un preámbulo de tóxicos adictivos a mis pulmones
Es el canto de sirenas, que subyugan mi vida a la muerte de tus amores
Busco desesperado a diario infiltrar en mis venas tus caricias.
Asalto los temores, armado con una navaja oxidada de eternos conflictos.
Que me llevan a las bóvedas celestes, y me devuelven
A mis propios y más profundos infiernos.

En donde yo, sufro y miento.
Me levanto, y me reincorporo en mi forma zodiacal
Así en este estado visito el espacio sideral
Veo palomas con alas de cristal, elefantes voladores, dragones que lanzan agua
Y ratones con dientes de oro
Pero no veo la luz de tus ojos, la luna de mi dimensión
Esta que visito cuando me infiltro por mis venas
Las toxinas de tus amores de verano.
Aquellos que son añejos a mis sentidos y pasado a mis temblores
Ya que hoy suelo ver pasar la vida desde mi luna mágica de cristal
Y sentenciado a mis recuerdos sin lograr ponerme de pie y escapar.



Salomón Montes Rebolledo.

viernes, 28 de mayo de 2010

Roce.






Suele ser a veces que siento tus silencios.
Aquellos que eran el más exquisito de los preámbulos
Cuando tus miradas me desnudaban primeramente el alma
Antes de que tus manos comenzaran a desnudarme con la sutileza
De quien manipula entre sus manos un valioso regalo.
A veces siento tus armonías de hilarantes gemidos ocultos tras un leve suspiro

Abre la mañana envuelta en el manto gris de la helada
Desaparecen los cantos de las aves del verano
Y suenan con fuerzas las notas interpretadas por las gotas de lluvia que caen y recaen
En el marco astillado de mi ventana.
Tambores subyugados a violines lastimeros componen para ti
Hoy la más bella de mis armonías, danza el silbo invisible
Del viento revolucionado por los recuerdos, sucumben ante los morteros asesinos de la memoria
Y es que suele ser, que a veces siento el recordarte con más fuerzas que vida
Y Con más ímpetu que agonía.
Como no recordar el desnude roce acaramelado de tu piel.
Oh el destello fulminante de tus ojos iluminados por el amor
Si, suelo recordar la dulce melodía hipnotizaste de tu voz
Mientras llueve, y cae el sol ante la dulzura imaginaria de la luna
Caigo yo ante ti, en mi presente recurrente de pasados llenos de ti.

Salomón Montes Rebolledo

Bóvedas…

La imagen difusa de la luna se escondía
Tras el velo transparente de aquellas nocturnas nubes.
Nubes de otoño moribundo y constelado.
Me silencié en el paréntesis profundo de tu ausencia
Observando cómo te escondías tras el velo noctambulo de la noche
Me dormí en los brazos de esta hierba dorada y sonora
En medio de estos viejos arboles de álamos fieles y legendarios
Me desperté entre sabanas de rosa mosqueta y garugas de ángeles traviesos
Y con el tiempo comprendí que la lluvia me consolaba

Hoy sentado bajo esta noche extraviada, siento en mi rostro la falta de tus ojos.
Anhelo con ansias tus palabras, ese rostro angélico y sentenciado
Por los causes de estos ríos, cantares de aguas cristalinas y alborotadas.

Por fin la noche deja de ser noche por fin la vida deja de ser vida.
Por fin tu amor, deja de ser dolor. Las cascadas alimentadas desde las cuencas de mis ojos
Se congelan por el frio musical de flautines de oscilantes melodías
De desérticos arenales de hielos milenarios que lloran aun por tu amor
Y yo, aun bajo este cielo oscurecido porque la luna se esconde tras esas nubes
Bóvedas, Profundidades de aguas congeladas cristales de hielo transparentes
Pintados de dolor.

Salomón Montes Rebolledo

lunes, 10 de mayo de 2010

Callejero…

Los perros ladran. Desafortunados buscan la mano auxiliadora de su amo
Mientras los grillos rompen la sentencia armónica del cruel abandono, en el cual ha quedado
Esta inverde luna cabizbaja y llovida.
Destilan de las paredes rocosas, hiedra como la mala yerba.
Aquella que no permite a tus ojos ver mis ojos, mucho menos sentir de mí
El constante gemido de madre tierra adolorida por la partida
De sus crueles hijos.
Ellos, se despedazan entre ellos, se golpean en el rostro y después esconden la mano
Lavan su nombre bajo las aguas maquilladas del cinismo desmedido, que han aprendido
De sus crueles amos.


Salomón Montes Rebolledo

Concierto en re menor

Concierto en re menor
Para princesa

Noctámbulos de armonías que circulan libres por el torrente de nuestra mas intima fibra
Eróticas y susurrantes melodías que embriagan nuestra terrenal existencia
Noche, día, envolventes sonidos de ánforas dormidas
Lluvia, sol, vientos solanos y tristones que murmuran en bemoles
Las notas de nuestro corazón, luego un silencio, un tiempo y cuatro cuartos
Para romper el sostenido intrante de mi memoria.
Gotas de lágrimas en sangre por la espera de un lucero que divaga entre los acordes
Angélicos de las estrellas.
Pautas dormidas en el diván de tus ojos pardos
Escritas en la retina de tus alas de Ada enamorada y melodiosa
Noctámbulos, enamorados de la luna, fugitivos del dios sol.
Voy en busca de tu tierna mirada en Re mayor. Y tu dulce voz en si bemol menor.
Escudo mis penas tras el concierto inmaculado de los planetas
Dibujo con mis dedos las notas celestiales y angélicas que oirás
Al llorar mi amor, al sentir mi voz.
Escribo en las pautas célicias tu nombre entre armónicos sonidos
Tu nombre que me llevara a tus alas de Ada enamorada de la luna y fugitiva del dios sol

Salomón Montes Rebolledo

Olvidadizo…

Cascabeles de tulipanes sonoros arcoíris de notas colgantes
Pies de rosales silvestres en mayo, descalzas huellas hundidas
En caminos trigales de campo.
Manos heladas, entumidas por la escarcha de la mañana
Ojos pálidos reflejos del entumecido sin sabor de la vida
Campos florales, inviernos torrenciales de almas solitarias
Que se envuelven bajo la cobija de un desaparecido amor
Garuga que aísla, de rosa salvaje, de mosqueta flor a pérfida voz
Saltos de laja, de piedras dormidas, campos de tristezas y heridas
Tierras lejanas y llamadas, krishna Damariz y amara
Espejismos desérticos culpables de un ángel olvidadizo
Cascadas de algodones cristalinos, violines enloquecidos y llovisnos
Amor de tambores danzantes, caricias de arpas caribeñas
Eres tú nada más que un oasis a mi olvido un silencio a mi bulla
Un descanso a mi insaciable paso de albo rocinante
Que busca en este mundo nada más que la sinfónica de tu amor


Salomón Montes Rebolledo

lunes, 3 de mayo de 2010

Canción de estrellas para la niña de mis ojos!!!

Eres niña. Crepusculares de átomos interestelares
Galáctica sensación de estrellas bandoleras
Tus Ojos solares, amantes de lunas dormidas
Cabellos revoltosos, vía láctea entre tu ombligo y mis días.
Mabel de lunas dormidas. Satélite pasajero, Cometa viajero de uno y mil vidas idas.
Sureña de noches limpias, de cielo estrellado y mil lunas dormidas
Oh Mabel. Planeta ilusorio de amores de ninfas soñadoras
Y de niñas que vuelan buscando las caricias dormidas
Caricias de padres voladores de blancas miradas, y alas doradas
Eres, lágrimas constantes, y lluvia de polvo lunar
Por la ausencia repentina de los siete mares y la voz del viejo sol


Salomon Montes Rebolledo

Jamás diré un adiós…

Como el murmurar de muchas aguas
Como la hierba que silvestre y libre
Son tus ojos que revolotean tiernos y revoltosos
Juegas bajo la sombra de un sauce, mojas tus piececillos de niña mimada
Entre las corrientes del riachuelo que baja desenfrenado
Entre el cortinaje verde de aquellos densos prados
Busca tu voz entre los ecos acústicos de tu sonrisa
Tú buscas la suya, oculta detrás de aquellas rosas mosquetas
Y cuando por fin se encuentran viajas presurosa hacia sus brazos gritando papá
Mientras el sostiene la mirada en tu sonrisa de niña amada
De pronto, sucumbe su voz ante la mirada impertinente de un eclipse lunar
Recae su cuerpo como la hierba, recae sobre la tierra y frente a tus ojos se desvanece
Abrazas su abrazo, lo retienes entre tus manos
Sin embargo al secar tus llantos simplemente vez que ya no esta

Salomón Montes Rebolledo