sábado, 18 de diciembre de 2010

Pasillos.

Catacumbas de cuerpos abandonados
Laureles secos de otoños congelados
Tumbas frías, de vértices e infantes sub-reales.
Sol de un día oscurecido y sin latidos
Vertientes agónicas de llantos y melancolías
Sentencia absoluta para todo aquel que hoy es vida.
Tumbas frías de lastimeras agonías
Escarchas solidarias entre la tumba y la vida
Pasillos eclípsales entre esta y la otra vida.
Catacumbas de tiempos ancestrales
De hierba a polvo, de polvo a silbo solitario de la vida
Tumbas frías bóvedas mortuorias de sueños, ansiedades y mentiras


s.m.r

Isabell.

Isabell, volví tras tus ajuares de novia amortajada y dolida
Volví a tus ramos de flores sepulcrales y marchitas
Camine hacia ti, en pos de ti; te busque entre los laberintos
Agrietados de estos mausoleos.
Edificios profanados de tormentos y silenciados por el cruel cemento.
Caí de rodillas al ver el velo de tu ausencia.
Bese tus pies descalzos de césped maquillados
Levante mis ojos que en busca de los vuestros, se perdieron en el más profundo de mis llantos.
Isabell, pequeña mía; eres la novia amada amortajada y dolida
Hazme saber en donde esperas, donde están tus lejanías.
Para que yo cabalgue desenfrenado en busca de tus tiernos brazos
Y por fin calme con mis besos tu tenue llanto.


s.m.r

miércoles, 10 de noviembre de 2010

de la calle.



Hijos de la calle

Hijo de la calle, Traficante de murmullos
Fugitivos Sin sentidos.
Vaga tu alma errante, Sin tener refugio
Sin tener un nido, sin tener un pan.
Hijos de las calles sin sentidos ni motivos.
Vagan sin rumbo definido, Por culpa de tus padres
Y ausencia tus madres.

lunas


Ayer noche, mientras miraba la luna; de cara al noctambulo sueño de la tierra.
Imaginaba tus ojos pegados a ella imaginando los míos posados sobre tu acera.
Pido entonces amada mía, dejes mi mirada posarse en tus alas de vuelos nocturnos, para morir en ellas una, mil, y un millón de veces sumergiéndome en cada uno de tus gemidos de ave errante y lastimera.

arpejio


Destilan consonantes las notas que brincan desde la cascada, hacia las hojas que ocultas bajo el follaje de los legendarios robles nacientes seres de la montaña.
Amortajan tu silueta de ninfa imaginaria, recorro entonces con las yemas de mis dedos; la silueta porcelana, de tu piel vestida de hojas salpicadas de notas destiladas y consonantes.
Notas que brincan desde las aguas revolucionadas por tu vientre tierra, y tu alma enamorada de sus aguas y mis dedos de tu aura.

lunes, 11 de octubre de 2010

Siempre me pregunte como es la muerte

La muerte es helada y siniestra
Bulliciosa y solitaria
Comienza sutil y delicada
A enfriar tu sangre y luego tu alma
Y para variar cada segundo se hace eterno
Sin embargo esto que ahora siento y presiento
No se compara con la con la tristeza de haberla perdido
Muchas veces me pregunté cómo sería la muerte
Ahora que ella me arranca el alma
Creo que es mejor que la pena
Que llevo por no poder amarla

s.m.r

martes, 14 de septiembre de 2010

profanos

Se disuelven los suspiros de los hombres se pierden entre la bruma de la tarde
Lo que hoy somos, por las tardes nada más que un recuerdo
Pasamos por sobre el manto suave de la tierra como un solano viento que Silva entre los recovecos de los valles y se esconde entre los arboles del pasado.
Avanza la sombra del día acelerada y sin freno como la vida misma, la de la especie
Que es profana, e inmisericorde de la tierra que le da tantas penas pero también alegrías.
Un día por la tarde nos acostamos infantes a dormir al siguiente día ya somos abuelos de nuestros propios recuerdos
Crecida la barba,, sin cabello en nuestras cabezas y sin fuerzas para vivir
Solo nos mantiene en pie los recuerdos de tantos años contados por rayos, y relámpagos
Segunderos acelerados por la explotación descontrolada y destrucción del planeta
Que hoy demanda para si nuestra mísera y sombría despedida de esta
La tierra que nos acogió y nos dio la vida


S.M.R

manto mar

El sosiego de mis ojos se posó sobre la espuma del mar
Para ver quien estaba allí. Y ahí te vi.
Oh sí que te vi, nos vimos, te mire; me miraste nos miramos, si nos miramos
De pronto un silencio, si un silencio profundo.
Nos callamos, después rompimos el silencio con una mirada de mar de olas mágicas y de cristal.
Bueno, bueno; entonces saque de uno de mis bolsillos un encendedor
Encendí las velas que enterradas en la arena miraban hacia el horizonte naranjado del manto mar.
De ninguna manera podría matar esta bella musa nacida de espumas rocinantes de olas mágicas de cristal.
Solo después de encender las velas me detuve un instante a imaginarte, a dibujarte con mi mirada y si, en ese instante te vi.
Me vistes, nos vimos y uf, nos amamos hasta siempre y por siempre y sin final
Bueno para entonces no dijimos nada, dejamos que el silencio escribiera en nuestras almas las palabras que nuestros labios no declaran.
Ya que en una imagen difusa y solitaria yo simplemente te vi.

S.M.R

martes, 20 de julio de 2010

solo te pido madre

lunes, 28 de junio de 2010

tengo miedo

viernes, 25 de junio de 2010

Siete Mares

martes, 8 de junio de 2010

¡Dichato! 27 de febrero de 2010





El carácter fuerte de su semblante ! ocultaba silencioso el sufrimiento
Que aquel viejo coterráneo llevaba en su alma.

! Las construcciones, y embarcaciones de la playa desaparecieron con furia violenta
! El resto !el resto se lo llevó la mar.
! El derrumbe de todos los sueños! de todas !una y mil vidas rotas
! Se desvanecieron aplastadas por un vacio lapidario de olas y temblores.

!!Sus ojos vuelven a llover, cuando recuerdan la pequeña mano
Que sostuvo con fuerza la suya !buscando la oportunidad salvadora, sin oportunidad de ser.
! Sin embargo al tocar tierra !y ser abandonado por las aguas !al mirar su mano esta, yace vacía
Sin rastros ni secuelas del pequeño moisés. ! Su cuerpo, con llagas cercenado
! Por infringir la fuerza mortuoria de la naturaleza y sobrevivir a ella.


!!!Hoy su recompensa es la culpa y su tortura la vida.
! Si tan solo hubiera estado en sus manos elegir?
! Hoy señala con su dedo inculpando al mar y la justicia
! Justicia de sociedades mutiladas! agentes del medio ambiente siniestrados y dementes.
! Mira y calla ! recuerda en el marco ausente del horizonte
! Aquella vida pequeñita y pérdida.
! Se sienta en su silla de caracolas a maldecir la vida día tras día
! Rechazando amar otra vez a cualquier ser humano.
! Construyendo murallas invisibles para que nadie venga en su rescate.
! Para que nadie le impida deambular por los albergues de su memoria.

!!En donde las explosiones de conflictos cotidianos,
! Dan riendas sueltas a los saqueadores de sus recuerdos.

! Hoy caída su torre, rinde su alma joven
! Al recuerdo de aquel pequeño monte
! Su cuerpo viejo a la compañía de sus animales.
!!Hoy solo viven los recuerdos.


Salomón Montes Rebolledo

Flor marina.

!!Mi camarote daba justo hacia el horizonte
Que se filtraba por los pliegues de mi ventana
A la distancia una flor solitaria orgullosa y colorida
No se doblegaba ante el silbo continuo de las olas
a la distancia una flor solitaria vigía seductora de embarcaciones lejanas
Que viajan involuntarias sobre el delantal marino
Del mar hecho olas


Salomón Montes Rebolledo

domingo, 30 de mayo de 2010

Adicto a las toxinas de tus caricias.





Como un preámbulo de tóxicos adictivos a mis pulmones
Es el canto de sirenas, que subyugan mi vida a la muerte de tus amores
Busco desesperado a diario infiltrar en mis venas tus caricias.
Asalto los temores, armado con una navaja oxidada de eternos conflictos.
Que me llevan a las bóvedas celestes, y me devuelven
A mis propios y más profundos infiernos.

En donde yo, sufro y miento.
Me levanto, y me reincorporo en mi forma zodiacal
Así en este estado visito el espacio sideral
Veo palomas con alas de cristal, elefantes voladores, dragones que lanzan agua
Y ratones con dientes de oro
Pero no veo la luz de tus ojos, la luna de mi dimensión
Esta que visito cuando me infiltro por mis venas
Las toxinas de tus amores de verano.
Aquellos que son añejos a mis sentidos y pasado a mis temblores
Ya que hoy suelo ver pasar la vida desde mi luna mágica de cristal
Y sentenciado a mis recuerdos sin lograr ponerme de pie y escapar.



Salomón Montes Rebolledo.

viernes, 28 de mayo de 2010

Roce.






Suele ser a veces que siento tus silencios.
Aquellos que eran el más exquisito de los preámbulos
Cuando tus miradas me desnudaban primeramente el alma
Antes de que tus manos comenzaran a desnudarme con la sutileza
De quien manipula entre sus manos un valioso regalo.
A veces siento tus armonías de hilarantes gemidos ocultos tras un leve suspiro

Abre la mañana envuelta en el manto gris de la helada
Desaparecen los cantos de las aves del verano
Y suenan con fuerzas las notas interpretadas por las gotas de lluvia que caen y recaen
En el marco astillado de mi ventana.
Tambores subyugados a violines lastimeros componen para ti
Hoy la más bella de mis armonías, danza el silbo invisible
Del viento revolucionado por los recuerdos, sucumben ante los morteros asesinos de la memoria
Y es que suele ser, que a veces siento el recordarte con más fuerzas que vida
Y Con más ímpetu que agonía.
Como no recordar el desnude roce acaramelado de tu piel.
Oh el destello fulminante de tus ojos iluminados por el amor
Si, suelo recordar la dulce melodía hipnotizaste de tu voz
Mientras llueve, y cae el sol ante la dulzura imaginaria de la luna
Caigo yo ante ti, en mi presente recurrente de pasados llenos de ti.

Salomón Montes Rebolledo

Bóvedas…

La imagen difusa de la luna se escondía
Tras el velo transparente de aquellas nocturnas nubes.
Nubes de otoño moribundo y constelado.
Me silencié en el paréntesis profundo de tu ausencia
Observando cómo te escondías tras el velo noctambulo de la noche
Me dormí en los brazos de esta hierba dorada y sonora
En medio de estos viejos arboles de álamos fieles y legendarios
Me desperté entre sabanas de rosa mosqueta y garugas de ángeles traviesos
Y con el tiempo comprendí que la lluvia me consolaba

Hoy sentado bajo esta noche extraviada, siento en mi rostro la falta de tus ojos.
Anhelo con ansias tus palabras, ese rostro angélico y sentenciado
Por los causes de estos ríos, cantares de aguas cristalinas y alborotadas.

Por fin la noche deja de ser noche por fin la vida deja de ser vida.
Por fin tu amor, deja de ser dolor. Las cascadas alimentadas desde las cuencas de mis ojos
Se congelan por el frio musical de flautines de oscilantes melodías
De desérticos arenales de hielos milenarios que lloran aun por tu amor
Y yo, aun bajo este cielo oscurecido porque la luna se esconde tras esas nubes
Bóvedas, Profundidades de aguas congeladas cristales de hielo transparentes
Pintados de dolor.

Salomón Montes Rebolledo

lunes, 10 de mayo de 2010

Callejero…

Los perros ladran. Desafortunados buscan la mano auxiliadora de su amo
Mientras los grillos rompen la sentencia armónica del cruel abandono, en el cual ha quedado
Esta inverde luna cabizbaja y llovida.
Destilan de las paredes rocosas, hiedra como la mala yerba.
Aquella que no permite a tus ojos ver mis ojos, mucho menos sentir de mí
El constante gemido de madre tierra adolorida por la partida
De sus crueles hijos.
Ellos, se despedazan entre ellos, se golpean en el rostro y después esconden la mano
Lavan su nombre bajo las aguas maquilladas del cinismo desmedido, que han aprendido
De sus crueles amos.


Salomón Montes Rebolledo

Concierto en re menor

Concierto en re menor
Para princesa

Noctámbulos de armonías que circulan libres por el torrente de nuestra mas intima fibra
Eróticas y susurrantes melodías que embriagan nuestra terrenal existencia
Noche, día, envolventes sonidos de ánforas dormidas
Lluvia, sol, vientos solanos y tristones que murmuran en bemoles
Las notas de nuestro corazón, luego un silencio, un tiempo y cuatro cuartos
Para romper el sostenido intrante de mi memoria.
Gotas de lágrimas en sangre por la espera de un lucero que divaga entre los acordes
Angélicos de las estrellas.
Pautas dormidas en el diván de tus ojos pardos
Escritas en la retina de tus alas de Ada enamorada y melodiosa
Noctámbulos, enamorados de la luna, fugitivos del dios sol.
Voy en busca de tu tierna mirada en Re mayor. Y tu dulce voz en si bemol menor.
Escudo mis penas tras el concierto inmaculado de los planetas
Dibujo con mis dedos las notas celestiales y angélicas que oirás
Al llorar mi amor, al sentir mi voz.
Escribo en las pautas célicias tu nombre entre armónicos sonidos
Tu nombre que me llevara a tus alas de Ada enamorada de la luna y fugitiva del dios sol

Salomón Montes Rebolledo

Olvidadizo…

Cascabeles de tulipanes sonoros arcoíris de notas colgantes
Pies de rosales silvestres en mayo, descalzas huellas hundidas
En caminos trigales de campo.
Manos heladas, entumidas por la escarcha de la mañana
Ojos pálidos reflejos del entumecido sin sabor de la vida
Campos florales, inviernos torrenciales de almas solitarias
Que se envuelven bajo la cobija de un desaparecido amor
Garuga que aísla, de rosa salvaje, de mosqueta flor a pérfida voz
Saltos de laja, de piedras dormidas, campos de tristezas y heridas
Tierras lejanas y llamadas, krishna Damariz y amara
Espejismos desérticos culpables de un ángel olvidadizo
Cascadas de algodones cristalinos, violines enloquecidos y llovisnos
Amor de tambores danzantes, caricias de arpas caribeñas
Eres tú nada más que un oasis a mi olvido un silencio a mi bulla
Un descanso a mi insaciable paso de albo rocinante
Que busca en este mundo nada más que la sinfónica de tu amor


Salomón Montes Rebolledo

lunes, 3 de mayo de 2010

Canción de estrellas para la niña de mis ojos!!!

Eres niña. Crepusculares de átomos interestelares
Galáctica sensación de estrellas bandoleras
Tus Ojos solares, amantes de lunas dormidas
Cabellos revoltosos, vía láctea entre tu ombligo y mis días.
Mabel de lunas dormidas. Satélite pasajero, Cometa viajero de uno y mil vidas idas.
Sureña de noches limpias, de cielo estrellado y mil lunas dormidas
Oh Mabel. Planeta ilusorio de amores de ninfas soñadoras
Y de niñas que vuelan buscando las caricias dormidas
Caricias de padres voladores de blancas miradas, y alas doradas
Eres, lágrimas constantes, y lluvia de polvo lunar
Por la ausencia repentina de los siete mares y la voz del viejo sol


Salomon Montes Rebolledo

Jamás diré un adiós…

Como el murmurar de muchas aguas
Como la hierba que silvestre y libre
Son tus ojos que revolotean tiernos y revoltosos
Juegas bajo la sombra de un sauce, mojas tus piececillos de niña mimada
Entre las corrientes del riachuelo que baja desenfrenado
Entre el cortinaje verde de aquellos densos prados
Busca tu voz entre los ecos acústicos de tu sonrisa
Tú buscas la suya, oculta detrás de aquellas rosas mosquetas
Y cuando por fin se encuentran viajas presurosa hacia sus brazos gritando papá
Mientras el sostiene la mirada en tu sonrisa de niña amada
De pronto, sucumbe su voz ante la mirada impertinente de un eclipse lunar
Recae su cuerpo como la hierba, recae sobre la tierra y frente a tus ojos se desvanece
Abrazas su abrazo, lo retienes entre tus manos
Sin embargo al secar tus llantos simplemente vez que ya no esta

Salomón Montes Rebolledo

jueves, 29 de abril de 2010

Caminos…

Caminos pedregosos y polvorientos.
Escalinatas al pasado, puerta de escape
Hacia mil sueños rotos y un millar de esperanzas
Caminos tímidos ante el paso recurrente del asfalto y del tiempo
Caminos de acequias dormidas y de Acacios legendarios
De pies de niño descalzo, de hojarascas doradas de otoño
Caminos al pasado, sepultados por la ignorancia del cemento y la esperanza
De mejores tiempos.
Caminos…

Chile…
El alimento de mi pueblo es la ignorancia
Y el estado la provee, alimentando sus sueños
Con falsas esperanzas, la sed de mi gente es saciada
Con extensas cátedras, de un estado digno, democrático y liberal
La fuerza de mi pueblo es sub-yugada a unas cuantas promesas de bien estar para nuestros hijos que jamás ha de llegar


Salomon Montes Rebolledo

Caramelos

Caramelos aterciopelados de ondas subversivas y miradas cómplices
Ojos candelabros de llamas revolucionarias y encendidas
Que hipnotiza mis sentidos cual pes, idiotizado por la luz de la luna
Canto erotizado, aullido legendario y clandestino
Que rasguña el vientre estrellado del cielo hecho espuma
Silbo dorado, huracanado sexo entre el manoseo desenfrenado de los vientos, estos añosos arboles
Y estos prados de piel sembrados.
Cuerpos de mares desnudos
En continuo movimiento nocturnos
Ríos eternos que intiman a diario con estas olas salvajes y paradisiacas
Ojos aterciopelados, dormilones enamorados, de los encuentros entre tu pecho
Y mi cuerpo


Salomón Montes Rebolledo

Fantasmales…

Te hablo desde el fondo de mi corazón.
A cantaros mi voz recae a sollozos y a mares a tu tierna voz
Siento tus lejanías, tierras salvajes e indómitas.
Que me alejan, y discriminan por ser un ser errante
En este, tu mundo salvaje y amazónico donde según tú, no encajo yo.
Bebo del cáliz, bebo de la traición cotidiana de tus amores de ninfa traicionera.
Mientras recae mi voz a cantaros, de animal herido a bestia errante
Vago por la sabana, desconsolado aulló por las montañas, busco bajo la luna, bajo las estrellas.
Bajo los relámpagos impertinentes yo. Impávido por la falta de tu voz.
Veo entonces muchos seres aquí, en este destierro muchos Espíritus. Entes enamorados de la vida.
Fantasmas, apariciones difusas de almas que se niegan a la partida.
Energías sepulcrales, buscando con ansias de infante hacerse corporales.
Anochece, y para ellos siempre es tarde. Amanece y para ellos sigue siendo tarde
Comprendo entonces, entiendo que mi tiempo ha llegado
Pues estoy en medio de las ondas fantasmales de tu abandono
Y delante de la tumba en donde grabada esta mi nombre.

Salomón Montes Rebolledo

Oda a la madre de mi amigo

Ha muerto. Ha muerto una estrella.
Ha sido condenada a ser fugaz
Alma bella, sutil mirada de madre dulce y veras.
Mi amigo la llora, derrama su alma cual manantial
Porque la estrella fugaz ha pasado por su hogar, y a seguido su tierno peregrinar
Ya no está, no se encuentra entre nosotros, la más bella de las mujeres
La de manos tiernas y abrazos eternos, cuando caíamos y ella solía levantar.
Hoy ocupa un sitial privilegiado en una nube blanca
Donde suele tejer las horas, contando los puntos por segundos, y esperando volvernos a abrazar
Volvernos a tener entre sus brazos tiernos y sentir de nuestros labios.
El primer mama. Hoy solo el silencio, las lágrimas fluyen por doquier
Pero en nuestra alma va impregnada la sabia de aquella mujer que nos dio la vida y nos regalo su ser. La más bella de las mamas.


s.m.r

---la vida---

Despegaste de mis sueños
Y te embarcaste a la tarea inmaculada de hacerte cierta
En tu lucha por la vida, salvaste ilesa de los cataclismos
Apocalípticos de la carrera por lo cierto.
Solo tú, tú llegaste vencedora aquí a la meta al núcleo transparente
Tras la colina, ahora yacen sin vida millares que hoy no tuvieron tu misma suerte
Y aquí donde despegas a la vida desde las sombras de tu madre.
Hoy después dl llanto primero
Vuelas con tus propias alas y vienes a regalarme tu alegría, y hacer que sienta que son reales aquellos mis eternos sueños.

Salomón Montes Rebolledo

Piel madera…

El color a maderada de su rostro
Lo hacían aparecer más apático que los demás
Siempre lo tildaron de extraño. Cuando niño carecía de amistad
Su piel a maderada solía amoratarse con pequeñas ráfagas de viento
Sus ojos negros carecían de las aureolas coloridas.
Siendo simplemente negros desde principio hasta el final
Cuando era viejo, y en su eterna soledad, sin familia, sin hijos ni amistades
Llego un niño errante, un pequeño barrabas, que vagabundo por la vida
En el encontró la paz.

Salomón Montes Rebolledo.

Café

La coqueta voz susurrante
Que se desprendía de la espuma del café
Subía hasta el tímpano rimbombante de mi oído
Por el embolo transparente de vapor que huía
Del medio de tus brazas.
Te besé, quedaste en mis labios escondida tras la espuma del café
Te abracé, quedaste en mi piel, como la suave briza del café
Te amé, hay por dios cuanto fue lo que te ame
Tú quedaste impregnada con mis labios
Y luego te vestiste con la espuma imaginaria de una suave taza de café.

Ahora te marchas, ahora dejas mi cama vacía
Mis labios sin la espuma de tus besos
Y mis manos, mis manos congeladas por el tibio desconsuelo.


Salomón Montes Rebolledo.

Fotografía personal.

Yo no soy el mismo.
De aquella imagen que retrata mi existencia
Yo no soy el mismo.
Aquella barba, hasta mis ojos, estas canas también el rostro
Que aparecen en esta foto.
Yo no soy, quien soy
Ni quien aparece en este reflejo licuado y perecedero.
Es confuso a veces saber quien soy
Si muchas veces ni yo logro entenderlo
Ya que el espejo me muestra a alguien que yo
Desconozco por completo…

Salomón Montes Rebolledo.

Misisipi…

Misisipi, tierra de mis amores
No me abandones, cuando lejos esté. No me dejes sin volver.
Que mis ojos vean tu silueta antes que al cielo por última vez
Misisipi, tu gran rio salvaje, que alimenta mis sueños que devora mi sed por volver
Jugué con mis pies descalzos sobre tu vientre de madre dormida
Acaricie tus pastos, me bañe en el torrente de tu nombre Misisipi no me dejes sin volver
Que estas lejanías me están dañando y terminando con mis ansias de vivir
Oh Misisipi caricias de hombres morenos, de piel de hombres libres y sobrevivientes
De la esclavitud de mentes turbadas y ansias de poder oh Misisipi vuelve a mi ser
Que vuelvan tus ondas naturales, música de piel morena y voces de miel oh Misisipi vuelve a creer…

Salomón Montes Rebolledo

Baquero.

Bajé la montaña.
Cabalgo silencioso por las quebradas
Desciendo hacia el valle de la tortura
Ese donde mi peor tormento eres tú, tormento al saberte en brazos de otro
En la cama de otros.
Se hunde en el horizonte el sol, que muere y se desangra en anaranjada vergüenza
Por verme descender a la tierra de mis tormentas donde tú eres mi peor castigo
Al entregarte a cuanto forastero llega a tus brazos
Y condenarme a mí, al tormento de amarte desde esta mi alta montaña
De donde hoy bajo para verte aunque sea para aumentar mis tormentos
La luna aparece ante mis ojos, sigo mi camino con el mismo tranco
Mi caballo avanza, no se deja amedrentar por las oscuras ansias de esta noche desvergonzada
Que oculta los pasos y demora mi llegada al valle de mis tormentos donde yo vivo y siento
Ya que tu eres para mí el peor de mis lamentos
Desciendo, vuelvo, hoy vuelvo a tus brazos donde tú, yegua recibes a cualquiera
Que llegue con unos gramos de oro y una botella de almendra.

Regreso a las montañas luego de haberte amado sin fronteras.
Mujer fácil y lastimera, dueña de mil amores de paso
Y mil porrazos con hombres sin nombres.


Salomón Montes Rebolledo

Ángeles…

Cantan enamorados dos ángeles
Que danzan sobre las nubes que sonríen
Bajo sus plantas.
Llueve, garuga sobre las hojas del verde prado
Corazones alados, de cristales de aguas celestes
Que caen de un par de ángeles enamorados.
Febrero catorce, ángeles enamorados descienden por las vertientes
De almas solitarias, y le obsequian miradas de otras almas
Que buscaban aquellas solitarias miradas.
Ángeles enamorados que danzan sobre la tierra
Y bajo este cielo azul. Cristalino y apasionado
Por la culpa de dos ángeles enamorados
Que danzaban a los compas de sus besos y sus corazones alados

Salomón Montes Rebolledo

La tierra prometida.

Por más que me empeño en buscar
Entre la naturaleza escondida de mi vieja historia
No hayo, no logro encontrar la fuente que alguna vez
Calmara mis ansiedades, y mitigara mis temores y los transformara
En consenso pacifico entre lo que jamás fue y lo que llego a ser.
Sueño oír a la distancia, las melodías sonoras de aquellas viejas voces
Instrumentos de antiquísimos recuerdos.
Recuerdos de vientre terrestre, de madre de tierra selvática y arces de sangre caliente
Por más que busco hallar parte de lo que fui, no logro dar con la puerta
Aquella instancia que me devolviera a la tierra de la promesa.
Esa donde mana leche y miel, y la muerte no es más que una estúpida leyenda
Me sumerjo entonces a diario, en las notas cautivantes de aquellos viejos violines
Solitarios y salvajes.
Para seguir buscando en algún lugar de mi memoria. La llave para el portal
Hacia tantos sueños rotos, y así por fin regresar a la tierra de mis amores.


Salomón Montes Rebolledo.

Entre olas y Rocas.

Rompen impetuosas las olas entre las rocas
Mientras tú, te alejas entre el estruendo apocalíptico del estallido de las olas al romper en estas golpeadas miradas de piedra.
Que amortajadas yacen empotradas a la horilla de esta lejana playa.
Te deslizas con la suavidad de tu pañoleta cayendo mecida por el suave viento
Tú, desvaneces en las lejanías del horizonte, desnuda como la espuma de las olas al morir entre las rocas.
Yo, momificado veo como te desvaneces entre el manto gris de la llovizna que pinta en canas mis alegrías, y tiñe el día de llantos angelicales que se alegran por tu partida.
Rompen bulliciosas entre las fauces de las duras rocas
Estas, las olas que terminan por doblegar mi voluntad y romper mis fortalezas
Pues tú, te desvaneces ante la mirada desconcertada de mi alma.
Y los gemidos moribundos de mi corazón que enmudecidos por los estruendos de estas salvajes olas, no alcanzan tu voz, y no son capaces de retener tu amor.

Salomón Montes Rebolledo