Me encanta transitar de tu mano
Bajo el crepúsculo seducido por lo dulce de tus deseos. Y bañar mi cuerpo en luto con el dorado resplandor de tus antojos
Pues tú, mujer crepuscularia te has convertido en el más importante de mis talismanes sagrados, transformando los eclipses cotidianos de mis latidos
En pálidos y lapidarios renacimientos de vida y gemidos
Determinado sobre mi que soy nada mas que un ser mutante a los deseos de la carne, y a las reacciones de tus caricias.
Deseo entonces recostarme en medio del brillo tenue del ocaso de vuestros ojos
Y encenderlos con los míos, ser el leño que necesita tu hoguera sagrada
Ser el agua que llene la fuente de tus entrañas para así dejar de ser aquel ser perturbado por lo dulce de tu piel y lo cándido de tus latidos
Quisieras ser mi fresa? Ser yo la crema en lino
Conjugarnos y fundirnos bajo el atardecer emancipado de la lluvia
Para ocultarnos finalmente tras la luz un sol moribundo y clandestino?
J. Antenor Rebolledo
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