Carecían de la voluntad para romper con las controversias emanadas de sus temores
Debían caminar por esas calles adormecidas por la delincuencia y dejarse dominar
Por ella, No les quedaba mas que admitir que tenían que sufrir las consecuencias de su propio
Error, Ya que en sus manos estuvo en algún momento detener toda esta situación
Y aunque la justicia es ciega sorda y muda, por alguna extraña razón el espíritu de la ciudad de Santiago. Se a encargado de poner a nuestros jueces en los zapatos de quienes tan solo pretenden vivir sin temor.
José Antenor Rebolledo
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